¿En qué radica la fuerza de un cuadro? ¿En la técnica, el estilo, el manejo del
color o lo que llaman la paleta que lo define? ¿Acaso en la composición
conceptual o en la expresión sensible de las emociones? En Luvtaljaconsiste en la conjunto
de esos elementos: su combinación y la transgresión de algunos de ellos.
Destaca, por ejemplo, el uso generoso del óleo, que deja adivinar en su textura y volumen
la conmoción interna de la pintora al momento de realizar los trazos, donde la
técnica ha sido puesta al servicio de la intencionalidad y la
voluntad.Fredy W. Melo, artista plástico
colombiano, ha dicho de Luvtaljaque en su trayectoria ha pasado por “la figuración realista,
pasando por etapas de impresionismo y expresionismo; en donde ha logrado
catalizar su lenguaje visual por medio del color, de la apropiación del plano
de una forma vivencial, porque es así como realiza su obra, no como un
ejercicio intelectual y práctico, en donde se aplica mecánicamente cada
elemento dentro de la obra, sino que involucra su estado de ánimo y sus sentimientos
junto con los conocimientos adquiridos durante sus años de formación”.
Fragmentación, La obra con la que se presenta Luvtalja
en el Festival Internacional Revueltas 2013, donde Colombia es el país invitado, está compuesta por 15 obras. De las cuales la pintora
ha dicho: “En ella hay una mirada del sentir en el presente. Tempestades que
acosan a
la artista para ser plasmadas, incluso contra mi voluntad, ya que confronta a la migrante que soy ahora con mi origen. Dos países
distintos,con realidades semejantes
que
inevitablemente plantean un conflicto existencial que reclama ser resuelto en
el lienzo, o por lo menos dejar testimonio de él. Las obras coexisten, se abrazan en una
simbiosis reflexiva, dejando que fluya lo que le pertenece al cuerpo y el alma”. En efecto, la exposición
presenta una serie de variantes alrededor de un discurso que va desde la
añoranza no sentimental de su país al encuentro cara a cara con problemáticas
humanas, ya no regionales, en las que el habitante enfrenta una
realidad apocalíptica.
El pintor Manuel León Cuartas, Historiador de arte de la Universidad Nacional del Tolima, enfatiza que “El tratamiento del color
preserva —en Luvtalja— una densidad corpórea, pero volátil y etérea que
recorre sutilmente todo el espacio pictórico, con una materia gestual y
traslúcida, que impregna la superficie de esencias orgánicas a manera de
células cromáticas, que se regeneran permanentemente, dando la sensación del renovamiento vital de su universo plástico”. Lo que podemos constatar
en Temores, cinco de los cuadros con los que cierra el recorrido
de Fragmentación.
Durango,
aparece en la lista de Ciudades de 100 mil poetas por el cambio 2013
http://100tpc.org/ La
cita es el 28 de septiembre de 2013 en la pequeña plaza denominada Jardín
Hidalgo, en la Zona Centro de la Ciudad de Durango. Donde músicos
pintores y escritores compartirán el mismo espacio.
ALGO SOBRE 1OOTPC
Es una organización de carácter
global, que cada año organiza diferentes actividades artísticas y
culturales de manera simultánea en TODO el mundo, manifestándose a
favor de la PAZ, LA HERMANDAD y el MEDIO AMBIENTE.
El primer tipo
de cambio es que los poetas, escritores, artistas, cualquier persona, de hecho
se reúna para crear y representar, educar y demostrar, de manera simultánea,
con otras comunidades alrededor del mundo. Esto cambiará la manera en que vemos
nuestra comunidad local y la comunidad global. Todos nos hemos alienado de
manera increíble en los últimos años. Apenas y conocemos a nuestros vecinos al
final de la calle, mucho menos a nuestros aliados creativos que viven y
comparten nuestras preocupaciones en otros países. Necesitamos sentir este tipo
de solidaridad global. Creo que nos dará gran empoderamiento.
Y por
supuesto, está el cambio político/social sobre el que muchos de nosotros
hablamos en estos días. Hay problemas en el mundo. Guerras, ecocidios, falta de
cuidado de salud accesible, racismo, la lista continúa.
Parece que la
transformación del mundo hacia un mundo más sustentable es una de las
principales preocupaciones y podría ser un principio orientador global para
este evento. La paz también parece ser una causa común. La guerra no es
sustentable. Hay una sensación creciente de que necesitamos avanzar y dejar de
retroceder. Pero no estoy tratando de ser dogmático. Espero que juntos podamos
desarrollar nuestras ideas del “cambio/transformación” que estamos buscando
como grupo, y que cada grupo comunitario decida su propia área específica de
enfoque por el cambio para este evento en particular.
El Instituto
Municipal del Arte y la Cultura (IMAC) y la Fundación ‘Guadalupe y Pereyra’
entregaron el pasado jueves, 29 de agosto, el premio literario más importante
al que se convocó durante la actual administración.
Dos promesas de la poesía y la prosa mexicana recibieron su reconocimiento y
premio económico definidos en las Convocatorias Literarias 2013 impulsadas por
ambos organismos culturales. Shamir Abdel Nazer Arce y Pablo Antúnez, fueron los jóvenes que resultaron
seleccionados entre los aspirantes que presentaron su propuesta literaria en
las categorías de cuento, ensayo literario y poesía.
Ambos fueron premiados con 20 mil pesos en efectivo, la publicación de su obra
en los próximos meses con lo que de manera implícita se contribuye a la
difusión de su obra.
.
Leer a Pablo Antúnez es conocer un poco de su ser, un hombre que todo observa, que calla y
que es bastante preciso al decir lo que siente y piensa; un hombre que va más
allá de lo superficial, que tiende a filosofar y llevar a la lucidez cada uno
de los pasajes diarios, por más cotidianos que puedan parecer.
Eso es ‘Fuera de
cualquier paraíso habitual’, la selección de poemas que llevó a Antúnez a su
más reciente galardón, en el que el erotismo, lo habitual, el amor y la vida
vista desde tres perspectivas: científica, teísta y filosófica, se
funden y alcanzan un ritmo similar al de alguna melodía, otro de los grandes
intereses de Pablo.
Fuente: Boletin IMAC
¿QUIERES
CAMBIAR AL MUNDO?
Odio
a los poetas. Los odio.
|Elma
Correa
Odio
a esos poetas jóvenes, ilusos, que abanderados por Mario Benedetti ladran
versos sin sentido destinados a cambiar el mundo. Se les puede encontrar, con
megáfono o sin él, sobre todo en los camiones, aunque los hay que de pronto
resultan ubicuos e infestan plazas, cafeterías, monumentos y debajo de las
piedras; porque ellos, a pesar de haber nacido al final de los años ochenta o
durante los noventa, han descubierto el “arte acción”, y les parece muy
contracultural y antisistema contaminar los espacios públicos con sus berridos.
Es que están llevando la Poesía a quien no la tiene. Ah.
Se
les puede encontrar también en las escuelas de letras, denostando a sus
maestros, el programa de estudios y la burocracia escolar, pero incapaces de
redactar una tarea sin faltas de ortografía. Son amantes de los puntos
suspensivos porque piensan que llenan sus textos de misterio y sensibilidad,
acusan al Estado de marginarlos por sus ideales y se autopublican en plaquettes y
ediciones cartoneras con títulos como Las llamas de mi fuego, Mi corazón
se desmorona, o La poesía invade mi ser.
No
les gusta leer para no contaminarse. Los únicos escritores que conocen son
Sabines y Sabina. La trova los conmueve hasta las lágrimas y les incita a
continuar con su labor. Todos se parecen. Los odio por igual.
Los
peores son los poetas jóvenes que, además de conciencia social, tienen
conciencia ecológica. Son los que escriben poesía verde dando voz a los
lamentos de la pachamama. Los odio. Son los que poniendo el ejemplo sobre el
cuidado del agua, pueden pasar mes y medio sin bañarse.
Odio
a los poetas de mediana edad. Los odio. Esos que ganaron un certamen municipal
o una beca estatal y llevan su libro de 1998 a todas partes. Esos que no se
pierden ningún evento cultural porque son los únicos momentos en que pueden
beber vino, aunque sea barato, y alardear acerca de su próxima obra maestra,
esa que llevan escribiendo la mitad de su vida y que revolucionará el lenguaje
y nuestra manera de ver a los árboles y las flores. Esos que son titulares en
el taller de creación literaria de la universidad local, los editores de la
revista de la universidad local; y que participan en toda presentación,
conferencia, seminario, charla o debate de la universidad local donde haya café
y surtido rico de Gamesa, así sea sobre las últimas investigaciones
veterinarias acerca del moquillo en las razas mestizas.
Los
odio.
Odio
a las señoras ultrasensibles que visten huipil, rebozo y tacones de doce
centímetros, esas que organizan los recitales para las glorias del pueblo y
aprovechan los últimos minutos de la velada para leer sus sentidos pensamientos
y reflexiones en rima sobre la importancia de la niñez, la fealdad de los
pobres y el crimen del aborto. Las odio. Odio sus libros impresos con dinero de
sus amigas, la Chiquis Corcuera, la NenaVildosola, la Beba Videgaray
y las otras chicas del bingo; esos libros cuya portada es una foto panorámica
de la playa, con la autora en primer plano, alzando sus brazos al sol del
amanecer.
Odio
a los poetas. Los odio.
Odio
a los poetas viejos, esos envilecidos por la vida literaria de provincia. Esos
que creen que la credencial del Insen les otorga por default el paso
a la gloria y posteridad. No importa que no tengan talento. No importa que no
hayan publicado en los últimos veinte años. Esos que sobreviven impartiendo
talleres por todo el país en donde les pagan por trabajar los textos de los
participantes, pero que se dedican a vociferar contra la institución que los
contrató, a maldecir a los funcionarios que firman sus cheques y a romper las
ilusiones de los asistentes con frases del tipo: “¿Quién te dijo que esta
cochinada es poesía?”, “Tú no sabes escribir, dedícate a la carpintería”,
“¿Dónde esta mi dentadura?”, o “Esa de las tetas grandes, ¿cómo se llama?”.
Los
odio.
Odio
a los poetas hipsters, los que sueñan con publicar en La
Tempestad y bailan sonidero. Esos que citan a Walser por lo que han leído
en Wikiquotes. Los que en las cantinas de mala muerte conversan con los
borrachos del lugar para sentir la miseria humana de primera mano, y les
pagan una ronda antes de arrancar su automóvil híbrido. Esos que llegan a
sus lecturas en bicicleta, luciendo intencionalmente desaliñados,
acompañados de una trophy girlfriend anoréxica y disléxica.
Los
odio.
Los
odio a todos.
Pero
odio mucho más a los artistas multidisciplinarios.
Fuente:
Revista Tierra Adentro
Elma
Correa. Es narradora. Becaria del pecda Baja California 2010-2011 en la
categoría de letras. Ha publicado en diferentes revistas del país..
El brujo como una admonición de la bruja
Amárrate a una escoba y alcanza el cielo, de Pablo Antúnez
Por Andrés Cisneros de la Cruz
I wish you could swim / Like the dolphins / can swim though nothing, nothing will keep us together. David Bowie
Querido ángel estas aquí, en el rugir de las guitarras mirando azul nuestros lamentos,perros de felicidad querido cielo no quiero morir, lárgate lejos de mi canción querido cielo vete de aquí, no quiero verte
ni en mis sueños, deja mis sueños.Javier Corcovado
Fuente
La música es un estado de perfección entre lo melódico y lo rítmico que se desarrolla cuánticamente —quiero plantearlo de ese modo— en lo que se conoce como una sinfonía (apúntese también poema sinfónico), y que en sus varias dimensiones discursivas, o de transcursos múltiples genera una obra completa a partir de las particularidades perceptivas que se manifiestan por un cuerpo específico, asúmase así el instrumento que representa su propia partitura. Ravel por eso puede orquestar a Mussorgsky, y por eso las gymnopedias Satie las planteó como una capa más dentro del ruido cotidiano, como una extensión gimnástica de la realidad; es decir, entendiendo la música también como un ejercicio “físico” del arte.
Es importante decir que Amárrate a una escoba y alcanza el cielo, de Pablo Antúnez, editado por la Universidad Juárez del Estado de Durango, es un libro arriesgado, y eso es valor que no cualquier poeta de buró se animaría a realizar. Salir en busca del sentido popular de una frase que puede imprimatar a una generación entera de habitantes, frase de una canción sema-geográfica; es decir, que logra reunir un cúmulo de personas en torno a una identidad, a través del ritual que es la música.
Amárrate a una escoba y vuela lejos es un verso de Saúl Hernández, el cual ocupa en una paráfrasis, Pablo Antúnez, y que es epílogo del elepé el diablito, compuesto elementalmente de canciones profanas, no al modo de Alfonso el Sabio; pero de una carga mariana —guadalupana por supuesto antes que europea—; esto pronunciado desde del característico politeísmo imperial mexica de un guerrero/sacerdote y su cosmovisión en crisis.
Cabe aquí la reflexión, de que cualquier lector serio de poesía mexicana del siglo XX, no puede (léase desde lo profesional mi comentario) dejar de ahondar en el movimiento Rupestre que surge, contiguo, de mano del bardo Ro(c)drigo González, bautista de un ato de cancioneros, entre ellos el emblemático José Cruz Camargo (Real de Catorce), o el mismo Jaime López, padrino de Cecilia Toussaint o de José Manuel Aguilera, o el hermano siamés de Saúl Hernández, Arturo Meza, así como, más activo en lo reciente, Rafael Catana. A esta veta de conocedores del verso y sus intrincaciones antropológicas es que debemos el fenómeno de los Caifanes —con todo y su alusión histórica a la película que da origen al nombre del grupo, donde participa el mítico Óscar Chávez, o el mismo Monsiváis— y sus letras que sembraron, no sólo afición por la música en los chavos universitarios de los 80 y 90, sino que también dejaron un paganismo práctico que “envenenó”—si seguimos los apuntes de Pablo Antúnez— la visión poética del mexicano de esas décadas, asumiéndose como descendientes de Caín. Por eso en la página 32, Pablo escribe: “¡Caín!, ¡Caín! / ese cabrón me heredó / sus lindas tentaciones”.
Las batallas en el cielo, la conquista del paraíso, las bodas entre el cielo y la tierra; en pocas palabras, la noción del dominio metafísico del mundo, es un ejercicio que ha preocupado a “los poetas” desde hace varios siglos. Especifico “los poetas” como género masculino, y los “siglos” como una generación cíclica, válgase la redundancia, para consolidar dicho dominio. Porque un brujo es en sí mismo percibido como un benefactor de la humanidad, recordemos a Merlín, o cristianamente al Bautista, o desde la poesía mexicana, El aprendiz de brujo, de Sergio Mondragón —otra vez la música— si recordamos el mismo título del poema sinfónico de Paul Dukas, basado así mismo en Goethe. Es elemental hacer esta acotación para entender el libro de Antúnez, pues por el otro lado las brujas, por el contrario, son percibidas o estigmatizadas como las maléficas de la historia. Sólo recordemos a Medusa, o cristianamente la figura femenina reducida a una sierva de dios con Magdalena (que hace un extenso y bello poema Rilke, traduciendo un sermón al respecto); o en la poesía mexicana si quiere verse, la bruja es una figura que retorna en voz de las poetas para tomar venganza, o realizar un acto de liberación; o desde otra perspectiva, como una bandera de resguardo para el ejercicio del conocimiento de las artes de la naturaleza. Y de un modo más marcado en las canciones que aluden a La llorona, a la Bruja, y la repetitiva imagen de la mujer como un ícono divino, poseedor de los poderes del bien y del mal.
No es en vano que una de las grandes poetas de México no haya sido antologada aún por los “poetas” en sus antologías históricas. María Sabina es una proscrita del lenguaje y de la poesía, cuando su “magia” es más poesía que mucho de lo que se compendia como tal, aunque también soporte mucha carga de los dominios cristianos varoncentristas (para no ocupar el término genérico de lo que se ha entendido como lo humanista). Mejor Camilo José Cela, premio nobel de literatura, ocupa los cantos líricos de María Sabina como soporte de una de sus obras.
Por eso el gen transgresor que Antúnez lleva bajo la piel, tiene que ver con la osadía de no sólo asumir el carácter simbólico de varias sectas de poetas en México, sino que también asume el lugar del escriba que hace del tratado natural de la música popular su base para realizar un ejercicio sustentado en la poética de un Contrafacta. Toma los elementos circundantes, e intenta despojarlos de su condición social, para injertarlos en un tubo de ensayo de rasgos cristianos, los mete al laboratorio y falla. Se equivoca una y otra vez. Se topa contra la pared de la quimera fallida de la alquimia, que ahora sólo es historia de un poeta emasculado a su propia Cuesta. Por algo la inquisición, dentro de las más de 100 mil personas que llevó a la hoguera, incluyó a ese 20% de víctimas, personas que eran consideradas como los errantes. El otro 80% fueron mujeres, sabias, curanderas, magas, hechiceras o brujas, poetas, escribas, estudiosas, etc.
Tomemos como base la primer estrofa de la canción de Saúl Hernández: “aunque no te importe nada / la vida de un delfín, / nadarás a fin de siglo en tu pecera”. Versos que Antúnez prefiere cantar en lo que él llama, yo mayor, de ese modo escribe: “he escuchado el llanto de un ángel / incrustándose en mis huesos”. El llanto, el canto, la era de piscisdirán los esoteristas del verso. Así, el ángel de la primera parte del libro, Fuera de un paraíso habitual, se torna en niña, en mujer, en monja, y finalmente en puta, que encarna a la muerte en la segunda y tercera parte Trepado sobre el espinazo de la duda; en la cuarta y quinta parte, el dios (siempre en cursivas) del lenguaje —que enuncia desde la perspectiva psicoanalítica Lacan, pero que Antúnez lo refiere de San Agustín— se aferra a los poemas que se entregan al martirio y a la voluntad cognitiva de la deidad, así el poeta se ofrenda al tiempo y su peso. A la experiencia del dominio del padre. Y cierra el libro con este par de versos conclusivos: “no cambio a mi Dios por nada / ni siquiera por un cielo o una tierra nueva”.
El paraíso está perdido, o no lo hubo. “Si no sabes si eres rata, / o una masa amorfa más / sólo basta darle un beso al espejo”. Sigue la canción de el diablito, apología de algunos tiempos perdidos, que Antúnez en la página 70 resume así: “la calle de mi boca / calca rosas exiliadas / y mata a las putas que muerden historias olvidadas. / No hay verdad en este paraíso / ni en ningún otro / hay una libertad abortada en cada idea concebida”.
Podemos decir que Amárrate a una escoba y alcanza el cielo, es un libro triste, de renuncia, pero también de entrega. De resignación, y por tanto que asume el sentido que otorga un valor mayor; el peso del cielo, antes que el de la distancia. El techo, antes que la boca abierta del universo. Lo que parece vida, antes que lo que parece muerte.
Este poemario nos hace recordar que en México, en los 80, mientras los poetas oficiales, bajo la tutela de Octavio Paz jugaban a ser “malditos” (como lo apunta Francisco Hernández en su famoso poema: “de niño jugaba a ser poeta maldito”), el malditismo se daba en otras latitudes; si los malditos decimonónicos fueron franceses, y para medio siglo XX los ingleses tenían en los beats su rebelión silvestre; en México es con los músicos rupestres (aprendices de poetas) y Mario Santiago Papasquiaro (por cierto, nombre del pueblo donde nació en Durango, José Revueltas) y Orlando Guillén con su revista Le Prosa, donde se aterriza esa poética del mal-viviente. Asumiendo que el ejercicio del brujo fue asumido ritualmente más por los poetas del ascenso (los bardos vulgares), y no por los del descenso, los aprendices del báculo áulico. Los bardos mexicanos fueron nómadas, trashumantes cruzando varias veces el mismo centro; palimpsesto si se quiere, de una realidad mexicana sin registro para esa época, y que son los primeros, no sólo en registrarla, sino en ritualizarla.
Curiosamente en las generaciones actuales de poetas nacionales es más fácil ver un epígrafe de Rilke o Ginsberg, que alguno de los callejeros mexicanos. El malditismo mexicano para los poetas es todavía un espacio que no ha sido registrado o tomado en serio como referente; no para su estudio, sino llanamente para su lectura. Es parte de su corpus tácito; pero no está concientizado, de tal modo que muchos poemas al ser deudores secretos de esta tradición joven e invisible, tienden a repetir y caer en el lugar común sin percatarse de su pifia.
Pablo Antúnez pertenece a los aprendices de ollave, si leemos a Graves. Aprendices de brujo, si leemos a Mondragón. El verso original, del cual parte la paráfrasis del título, es: si no quieres entender / que invernando están las brujas / amárrate a una escoba / y vuela lejos. / Muy lejos. Es crucial para entender el sentido del libro y buscar la analogía y contraposición entre “alcanzar el cielo”: tocar fondo, llegar al límite, y su contra parte, el “ir lejos”, no llegar nunca, enfrentar el vacío que aparece siempre con rostro de pregunta: la incertidumbre. La infinitud del cosmos. Por eso concluye la canción: “aunque no puedas, / aunque te mueras”. Es decir, la muerte llega antes de que lleguemos a ninguna parte.
La muerte es el sitio que nos reúne a todos. Llegar antes a cualquier parte, es estar muerto de antemano. Por eso el cielo del lenguaje paterno es un límite que endulza el oído al que inherente ama la muerte. Pablo Antúnez los sabe, lo apunta. Lo que nos hace diferentes como poetas, o como humanos, es cómo concebimos la muerte. Al final están los poetas que enfrentan el fin con la certeza de una respuesta; los que buscan la permanente. Y los poetas que la enfrentan con la infinita incertidumbre de un racimo de preguntas, bardos que trascienden con una poética que se desintegra en canto.
Arte,
literatura y algo más comparte un cuento de
Shamir
Nazer Arce
MUTACIONES
~~~~~~~~~~~
|Shamir Nazer Arce
(Durango, México)
Hilera
de hormigas dibujada en pared. ¿Van o vienen? Más cerca: van. Trazo que
desaparece en extremo de marco de foto y reaparece en otro. Hacia abajo
serpea. Detrás de estante de madera: apartar. Hormigas alcanzan ángulo de
paredes. Línea recta por quicio de ventana. Cortina: sostener. Rebasan otro
ángulo de paredes. Sillón: apartar. Inflexión: abajo pequeño agujero negro.
Examinar: aquí caos. Cauce de hormigas que discurren hacia dentro. Una. Una.
Una... Vienen. Escrutinio en dirección opuesta. Sillón. Esquina de pieza.
Quicio de ventana. Cortina. Esquina de pieza. Estante. Hacia arriba serpea.
Retrato de esposa. Parábola. Librero. Libro. Página 374. Blanco.
Shamir Nazer Arce.
Durango, Dgo. Es narrador. Premio IMAC 2013 en la categoría de cuento. Textos
suyos aparecen en la revista Cantaletras. Ha participado en varios talleres de
creación literaria y foros de lectura.
El
que quiere recordar y está lleno de oscuridades tiene que estar al borde de sí
mismo como al lado de un pozo
tiene
que estar recostado contra el pozo con una piedra en la
mano
y preguntarse qué oculta el pozo, cuán profundo es, cuan
largo
penetra la luz,
y
tiene, para calcular la profundidad y oscuridad, que tirar la
piedra
y verla caer despacio, como reflexión, como colgada en la
oquedad
hasta que la piedra encuentre la aún más indistinguible
superficie
del agua
y
aquel que quiere recordar ve la profundidad centellear de
repente,
atrayendo la luz, volverse animada como cuando un parpado
CAMINOS
Tengo
en la mano un pájaro
y no sé si está vivo:
levedad pasmosa, canto
trasmutado en cuerpo fraudulento.
El
camino de los escolares era el ala
alzándose en la era de los vientos.
Mas mi camino desciende por el barranco
donde el pájaro cayó, inaudible.
LA
PLUMA COMÚN
En
este puerto
ha
echado andas
nuestra
montaña multilingüe.
¿El
ángel protector? Un búho
que
nos hace guiños con el ojo izquierdo.
El
viento no tiene codos
pero
se apoya en el ayuntamiento
como
en un púlpito.
Aquí
es siempre aquí
me
dice mi amigo y se va.
Entiende
una cerilla a medianoche
y
verás otra vez incendiada
la
Ciudad de Erasmo.
Un
vicio poeta lejos de su patria
habla
al idioma de sus antepasados.
En
esta hora nocturna
los
emigrantes salen
para
Cosecha: celeste.
Moja
tu pluma común en el dique
Y
cállate, ella hablará para ti.
EL
ESQUELETO
Está
en mí, lo sé, aunque él no diga nada. Pero cuando me siento, se inclina también
cómodamente hacia atrás. Cuando corro, se precipita conmigo. Como una sombra
interna imita cada uno de mis ademanes. Nunca me abandona y no puedo vivir sin
él.
Ciego y demacrado bajo la piel, este servidor de librea me da su apoyo,
silenciosamente, pero con una mueca sarcástica que sólo muestra después de la
muerte. Es entonces cuando llega su hora, liberado de mí, arpa grotesca en la
que toca, con dedos fríos, un agua subterránea.
HABLA
EL PESCADOR
Tuve una barca que largo tiempo y con devoción me sirvió. Ella pastaba luz de
estrellas en el mar y mugía alegremente cuando regresaba a casa. En torno a su
linterna bullían mis pensamientos. Yo, que nada olvido, he olvidado sin embargo
su camino.
Tuve una casa que resistió todos los embates del tiempo. Estaba construida con
ladrillos y precaución. El brasero era su rojo corazón alrededor del cual la
familia se reunía. Pero yo, que nada olvido, he olvidado dónde está ubicada.
Tuve una hija que me dio alegría tan refrescante como el agua en la maceta de
barro, esa que he colocado junto a la puerta a través de la que ella pasó. Yo,
que nada olvido, he olvidado su nombre.
Y entiendo que, aunque nada olvide, ahora soy yo mismo olvido.
ALGO
SOBRE EL LAGARTO
1.
En el adobe
el lagarto hipnotizado:
pequeño relámpago
dormido en su funda de cuero.
2.
Acaso un puñal frío,
extraviado después del terremoto.
Si lo tocas, dicen,
cambia de color.
3.
Ojos que miran fijamente,
que miran fijamente...
Garras que se aferran,
que se aferran...
4.
Como tú mismo. Y así
-para dar sentido a la vida-
el repentino ataque,
un segundo atrapado en la lengua.
HACIA
COMALA
1.
Vine a Comala donde todos estaban muertos. También los perros descarnados
estaban muertos aunque los oía ladrar. El reloj de la iglesia se había parado.
Por la calle desierta pasaba gente platicando como si fuera visible. Se habían
quedado allí porque no tenían a dónde ir. Era mediodía. Debajo de nosotros
quemaba el suelo, encima ardía el sol.
2.
Vine a Comala sin equipaje. Quizás el pueblo se llamaba de otro modo, pero no
lo sé. Un nombre es viento que pasa. Estaba parado con las manos vacías debajo
de un árbol seco que bien pudiera ser uno de los manzanos de mi infancia. Hacía
frío. El rojo ya no existía.
3.
Vi a mi padre vestido de domingo como si estuviera yendo a un entierro. Me
ofreció algo que tenía en la mano: una manzana gris cubierta de sudor frío.
4.
Sólo en la muerte alcanzamos la verdadera igualdad. Todos los muertos están
emparentados. Las cenizas son gente reunida en las esquinas de la calle para
dilucidar lazos de familia. Por fin atados, oigo decir el que ama al que odia.
Por fin, repite el que odia al que ama. En Comala hablamos para esconder
nuestra invisibilidad.
5.
Hay una muerte después de la muerte. Ocurre cuando todos nos han olvidado.
TAMBIÉN
EL FUEGO ENVEJECE
A Vicente
Aleixandre
También
el fuego envejece.
Solo está, en su nido negro.
Solo está, con alas plegadas
y ojos ciegos, soñando
labios color tigre
y pétalos color verbo.
Ardía de amor y de olvido,
ardía altamente, y ahora
cuando está casi extinguido,
demora un rubor de ascuas
contradiciendo el infame frío.
Porque también la noche llamea.
También el corazón de la serpiente late.
También las cenizas son águilas que vuelan.
*
BIOGRAFÍA DEL BARRO
1.
Soy el barro.
Viejo y arrugado,
los lustrosos músculos
hinchándoseme bajo tierra.
Si
conocieseis
mi sed prodigiosa,
mi largo afán
de ser cielo.
Pero
me veo atraído siempre al fondo
bajo mi propio peso.
2.
Sudo en mis grutas, camino pesadamente bajo la lluvia,
me vuelvo de espaldas al sol
estirando los mil dedos de mis pies.
Las
uñas se quiebran, los tendones
se endurecen y rompen,
los lagartos hacen sus guaridas
debajo de mi lengua tiesa.
En
cien años he avanzado
un sólo centímetro.
3
Y me alzo
entre dos manos.
Los dioses me alimentan de fuego
y me dan forma.
Loza,
fayenza, terracota,
mayólica, azulejo:
soy oscuro,
mi historia resplandece.
Soy
el barro.
De mi pesadez me levanto.
VIDEOS
Lasse
Söderberg (Estocolmo, Suecia/ 1931). Poeta surrealista, editor y
traductor de diversas lenguas, ha vivido en Malmö donde ha sido organizador
y director artístico de varios eventos Internacionales de Poesía. Ha publicado más de
veinte libros de poesía, así como una buena cantidad de traducciones y
relatos. Entre los autores traducidos se destacan Federico García Lorca, Jorge
Luis Borges y Octavio Paz.
Entre sus más recientes libros de poemas se encuentran Stenarna i Jerusalem, 2002, Breven från
Artur, 2007 y Lo inconstante (2013).
Del
10 al 13 de julio de 2013, estuvo en el Encuentro Internacional de Escritores “José
Revueltas” en Durango, México donde presentó su más reciente antología “Lo inconstante”
publicada por la editorial "La otra” y la Universidad Autónoma de Sinaloa. La traducción del
libro estuvo a cargo de la poeta colombiana Ángela García.
Fuentes:
Antología “Lo inconstante”, revista la otra, letras libres, prometeo et al.
Poemas de Esther Galindo
~~~~~~~~
Arte, literatura y algo más comparte algunos fragmentos del libro
"ÁRTICO" de Esther Galindo
(ICED - Mantis editores- 2012)
Esther Galindo
Durango/México
Tengo un par de alas que robé de mi tía muerta. Se llamaba como los astros de luz coagulada se llamaba como las viudas que acortan el camino al paraíso. Tenía seis meses cuando la lumbre del cielo marcó los cimientos de la casa. Nadie más la vio descender en forma de paloma. Yo lo hice porque el pecado original se alimentaba de mis ojos. El ruido que hacían sus alas era el graznido que anuncia la muerte. Mi abuela escondió nuestra infancia (recibí a Dios un día de marzo) y los que saben sacrificaron un pato en nombre del Señor. El hambre es la voz de los demonios.
~~~~~~~~~
La fortaleza de nuestros huesos se refleja en los fractales del agua en la negrura del océano en sus babas dóciles.
II Aquí la luz gira sin filo es un espectro en estos espacios mientras camina dentro mío cuelga jardines con mi aroma.
III No hablé del Atlántico para llenarte los ojos cada quién cruzó la anchura y el frío. Cada quien con su Dios incrustado en el cuerpo.
~~~
¿Qué fue lo que cubrió las horas? Ceniza tal vez o mantos acuíferos de tu carne. Vivíamos de lo mismo: café, música, cigarros a medianoche visitábamos muelles para ver los barcos —y sus grandes costillas— fugarse por el norte adonde nos iremos a envejecer juntos a concebir nostalgias bajo los tejados de cantera cuando los años se arrastren sobre las cosas que tocamos.
~~~~
Berlín es un caballo relincha y da patadas al muro. Nos arrastramos a los invernaderos cancelamos tarjetas en números rojos. Todo lo hago en secreto, la luz es un carcoma una tortuga ciega. Yo tuve doce hijos de sangre opaca podrida sangre llena de flores; el frío es otra forma de invadir el cuerpo, declararlo asignarle posición dentro del mundo. Mi madre nunca me dijo que los caballos cuando corren dejan la hierba mullida y encienden las hojas con una flama que alumbra las fauces de la noche y aquello que arde son hilos de humo floreciendo de la tierra. Aquí no hay lumbre.