¿UN ESCRITOR AUTÉNTICO O UN ESCRITOR RICO?

Fuente: periodico Primera Plana 07/2010 [El Salto, Dgo] Y A fondo [Durango, Dgo]



¿UN ESCRITOR AUTÉNTICO O UN ESCRITOR RICO?

Por Pablo M. Antúnez

Tal parece que las circunstancias de nuestra época han condenado a los jóvenes escritores o aspirantes a escritores a cualquiera de éstas dos posibilidades, ¿o tres?: Ser un escritor auténtico o ser un escritor publicable y comercializable. Aunque la aspiración de muchos es a una tercera posibilidad, es decir, las dos cosas, ser auténtico y vivir de la escritura.
Tal vez estoy siendo injusto con los que creen que debe emplearse el término “bueno” en lugar de auténtico u original, por respeto a ellos y porque no quiero ser injusto, en lo sucesivo usaré el primer término y no precisamente para referirme al segundo.
Ahora bien, para ser un buen escritor existen diferentes criterios e indicadores considerando los puntos de vista divergentes de varios autores, académicos y críticos literarios (Rovner, 2002 y De Santis, 2001, citados por Ruiz, 2005). Pero no quiero meterme en tales embrollos. Me apetece considerar solamente la originalidad como tal y la capacidad creativa y propositiva del escritor usando de base la “santa fidelidad” del propio escritor consigo mismo. Me refiero a la calidad pura del arte, ésa que convence con su propio lenguaje a pocos o a muchos, sin que sea influenciada por cualquier factor externo del escritor, tales como: Editoriales, corrientes, estilos, inclusive los propios lectores, etc., me refiero a ésa genialidad creatividad resultante del escritor cuando obedece única y exclusivamente ése deseo íntimo y puro de hacer arte con las palabras para plasmar sus ideas, sentimientos, vivencias, locuras o cualquier otra cosa.
En alguna ocasión leí por la internet a un escritor (poco conocido) que dialogaba con un amigo suyo, también escritor. El amigo decía que él, cuando escribe, no piensa en la gente que lee, a lo que el primero le contestó: Por eso tú eres un buen escritor, y yo soy un escritor rico. Con esto quiero argumentar que, muchas veces el escritor tiende a traicionarse a sí mismo cuando comienza a escribir solamente para otros, ya sea para agradar a las editoriales o al lector, o peor aún para agradar a otros escritores o a jurados.
Por otro lado, de acuerdo con Blanca Miossi (2010) resulta que para ser un escritor publicable, no basta con ser un buen escritor, que ya es de por sí difícil: «Se debe estar al día con las tendencias». Sí, señor. Las tendencias. Y no es algo que se haya implantado ahora, han existido desde que el hombre empezó a escribir para deleitar al público.
Ahora bien, vamos a ser claros, partiendo de la premisa de que todo escritor quiere ser publicado y leído por todo el mundo, algo muy natural. El asunto es: ¿Hasta qué punto es bueno o malo darle gusto a la gente y/o a las editoriales?
Aunque también sería bueno analizar otra cuestión, dónde y cuándo surge el problema, a lo mejor es cuando al escritor se le meta a la cabeza “publicar para hacer dinero o escribir para ser rico”, y esto se convierte en una obsesión, sin duda alguna el creador pierde la brújula porque pierde el placer por escribir, de alguna manera lo hace obligado porque está obedeciendo otros factores fuera de sí y consecuentemente merma la originalidad y calidad de su trabajo.
Considerando que estamos en la era de la tecnología donde existe una enorme competencia en un mundo tan complejo y a la vez reducido para el escritor, debido a la internet, las redes sociales, las revistas y libros electrónicos, que hace que existan enormes cantidades de escritores o pseudoescritores tras las mismas editoriales, los mismos agentes literarios, los mismas revistas, inclusive, los mismos lectores. Miossi considera que es aquí cuando surgen las complicaciones, porque no se trata de escribir, contratar a una editorial, publicar y ya. No. Una vez que se ha logrado la publicación: «La mayoría de los escritores desean pasar a otro estadio, empiezan a ser conscientes de que no es suficiente, es una cuestión de amor propio, orgullo personal, superación, o tan simple como probarse a sí mismo».
Entonces comienzan a corregir, quitar, agregar, romper, reescribir y finalmente llegan a un punto donde ya no saben si lo que van a publicar es para que el mundo lo disfrute, o escriben para competir.
Pregunto: ¿El escritor escribe para alguien? ¿Su esencia no es escribir para nadie? ¿Escribe por sí mismo? ¿Qué hace al escritor ser eso y no otra cosa?
Conclusión. El joven escritor de ésta época enfrenta estas dos vertientes y ciertamente cada quien elige inclinar un poco o mucho la balanza hacia cualquier lado. Y puede cambiarse esta decisión en algún momento, por que ciertamente el escritor tiene derecho a percibir un ingreso por lo que hace, por su oficio y profesión de escritor. Quizá, lo ideal sería hacer arte con las palabras con la genialidad creativa, que ése arte guste a la gente y que convenza a las editoriales ya que finalmente son éstas las responsables en gran medida para el engrandecimiento o el estancamiento de un escritor.


REFERENCIAS:

Miossi Blanca (2010) “Tendencias Literarias”, Caracas, Venezuela, 2010.
Laura Ruiz (2005) “Voces ásperas”. Las narrativas argentinas de los 90. Buenos Aires, Biblos.

2 comentarios:

María Montelongo dijo...

Difícil la tenemos.¿Para quién escribo? ¿por qué escribo? ¿qué escribo? ¿estilos? ¿tendencias? El acto de escribir en lo particular no me deja, ni despierta, ni dormida ni en la calma, ni en la locura ni en el problema y la solución. El acto de escribir me trasciende más allá de esta existencia. A veces tomamos decisiones, a veces esas decisiones, les conocemos las consecuencias pero siempre hab´ra un libro, un texto una palabra, un aliento más por escribir que nos espera más adelante.
Saludos, qué bueno que te animaste a sacar un blog.

p a g l o m a n t u n ez dijo...

Sip, la tenemos difícil.

Un enorme saludo.