Breve biografía de Alguien que soñaba ser Borges.

Manuel Salas Quiñones


La lluvia de una tarde veraniega me hizo escribir acerca de un hombre habitado por el espíritu de la imaginación: José Everardo Ramírez Puentes, cuya curiosidad temprana lo impulsó a solicitar, a los doce años, los dos tomos en formato mayor de Los Bandidos de Río Frío, en la biblioteca escolar de su natal Peñón Blanco.
Devoto admirador de la naturaleza, conserva en su memoria prodigiosa el sonido de las tormentas y el consiguiente estruendo de la creciente del río que atraviesa su pueblo; en el centro del patio de la casa paterna cultivó las ansias lectoras a través de los cómics que su madre le leía bajo el árbol de moras.
Su mente enciclopédica, que algunos admiramos y envidiamos, se fue poblando de imágenes de aventuras y fantasías gracias a Kalimán, Batú, Roy Rogers, Memín, Gene Autry, Leyendas de la Colonia, el Llanero solitario y El jinete de la muerte. Su afán inquisitivo llevó a ese niño peñolero a navegar entre la literatura escolar y la literatura vernácula de los puestos de revistas.
Heredero en el mundo de la oralidad, todos los cuentos, historias, leyendas, chistes, anécdotas, crónicas -el arcaico mundo literario- provenían de la fuente inagotable de la oralidad de los padres y de los abuelos; Las historias abundaban con su abuela materna: doña Basilisa Puentes; una mujer que tenía incontables historias de fantasmas, de aparecidos, de brujas, de tesoros, etc. Ahí había un territorio imaginativo que empujó a Everardo hacia la comprensión de los mundos paralelos al mundo real. Con el tiempo esas narraciones ensancharon el terreno de su imaginación.
La peculiaridad de su trato con las personas proviene también de las interacciones cara a cara en un pueblo que hacia 1966 tenía cerca de dos mil habitantes, por lo que el conocimiento de la gente provenía de las matrices familiares; había una relación comunitaria, una integración orgánica.
Debe sus maestros Andrea Gaucín, en primer año de primaria, al profesor Héctor Ramírez y el profesor Rodarte, en la secundaria, su configuración actual de hombre-biblioteca. La primera logró fijar en su alma el ritmo de la lectura en voz alta; el segundo de estos docentes le mostró el universo poético a través de la generación del 36: Miguel Hernández, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Antonio Machado, entre otros; del tercero recibió el legado de la precisión para el manejo de fechas, acontecimientos y personajes históricos.
Hijo de una maestra rural –Paulita- y de un músico de oído -Martín-, heredó el amor por las letras y la cadencia del lenguaje. Quien lo haya tratado, sabrá que además de los textos escritos y publicados: Poemas para no sentirse derrotado (2003) y Las moscas llegan en verano (2011); innumerables escritos en periódicos y revistas, ensayos y ponencias en congresos internacionales, Everardo produce textos orales en la conversación más trivial, debido a su profuso vocabulario, pródigo en adjetivos, con referencias a autores, fechas y demás precisiones.
Su repertorio de libros, géneros y autores es amplio, como se demuestra cada jueves en el Programa Literario, que se trasmite los jueves de 20:30 a 21:30 por el canal de TVUJED.
La maestra Justa Ramírez, en la Normal Rural J. Guadalupe Aguilera lo contagio con Borges, que una vez contraído no se cura con nada; Borges lo llevó a Whitman, a Edgar Allan Poe, Poe a Cortázar, Cortázar a Lugones, a Evaristo Carriego, y de nuevo a la literatura mexicana a través de Alfonso Reyes.
Everardo es un impulsor de la literatura, promotor de lectura, palabrista seductor, divulgador de los libros, lector asombrado, tímido viajero, amigo solidario, noble ciudadano, orador apasionado, diletante de la música, sibarita de la literatura oral, adicto al cine, coleccionista de abrazos, cultivador de risas, memorista de recuerdos, soñador de izquierdas, consejero desinteresado, tejedor de historias, admirador del arte, analítico del alma y el homenajeado en el Encuentro Internacional de Escritores José Revueltas 2015.
Durango, Durango. 10 de julio de 2015

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