El cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven: Una pequeña recapitulación 

Reseña
______________________________

|Pablo Antúnez

El cuarto movimiento de la novena sinfonía del alemán (antes Sacro Imperio Romano Germánico) Ludwig Van Beethoven, contiene la majestuosa melodía conocida para muchos, únicamente como Oda a la alegría.

De acuerdo con los registros bibliográficos, el poema titulado An die Freude, (Oda a la alegría), fue escrito por el poeta alemán Friedrich von Schiller en 1785. Siete años después, en 1793, cuando Ludwig Van contaba con 22 años, conoció la obra poética y enseguida quiso musicalizar el texto de su admirado poeta.

De esta forma surgió la Novena Sinfonía en RE Menor, Op. 125 cuya belleza excepcional impresiona a los oyentes, logrando lo que el compositor deseaba; no obstante, el músico tenía un propósito más allá del goce efímero de la armonía. Su propósito era provocar una sensación de paz y fraternidad de sus oyentes.

El cuarto movimiento (Op. 125, Presto-Alegro) comienza con breves recapitulaciones de los primeros movimientos. Los violonchelos responden con sonidos inicialmente pensados para la voz humana
1,2. Finalmente, el bajo irrumpe con un llamada «Amigos no en esos tonos...», tras lo cual, la melodía basada en la oda es interpretada, primero por la orquesta, y luego por el coro. Los violonchelos, las flautas y los oboes crean el clima; y, después las voces masculinas y femeninas se alternan declamando la “Oda a la Alegría” de Schiller, arropadas por el todo orquestal. Sin duda la cúspide de la novena sinfonía.


La partitura original de la Novena sinfonía de Ludwig, fue declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en el 20033; así mismo, es considerada como uno de los manuscritos más valiosos de la colección musical de la biblioteca estatal de Berlín4.




Versión de Herbert Von Karajan


TEXTO ODA A LA ALEGRÍA

[Texto original en lengua alemana]

O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!

Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.

Chor

Wem der große Wurf gelungen,
Eines Freundes Freund zu sein,
Wer ein holdes Weib errungen,
Mische seinen Jubel ein!
Ja, wer auch nur eine Seele
Sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer´s nie gekonnt, der stehle
Weinend sich aus diesem Bund!

Chor

Freude trinken alle Wesen
An den Brüsten der Natur,
Alle Guten, alle Bösen
Folgen ihrer Rosenspur.

Küsse gab sie uns und Reben,
Einen Freund, geprüft im Tod.
Wollust ward dem Wurm gegeben,
Und der Cherub steht vor Gott.

Tenor Solo & Chorus

Froh, wie seine Sonnen fliegen
Durch des Himmels prächtgen Plan,
Laufet, Brüder, eure Bahn,
Freudig wie ein Held zum Siegen.

Chorus

Seid umschlungen, Millionen!
Diesen Kuss der ganzen Welt!
Brüder - überm Sternenzelt
Muss ein lieber Vater wohnen.

Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahnest du den Schöpfer, Welt?
Such ihn überm Sternenzelt,
Über Sternen muss er wohnen.
[Traducción al español]

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!
¡Entonemos otros más agradables y
llenos de alegría!
Alegría, alegría!

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras.

Solo de Cuarteto de voces y Coro

Quien logró el golpe de suerte,
de ser el amigo de un amigo.
Quien ha conquistado una noble mujer
¡Que una su júbilo al nuestro!
¡Sí! que venga aquel que en la Tierra
pueda llamar suya siquiera un alma.
Pero quien jamás lo ha podido,
¡que se aparte llorando de nuestro grupo!

Solo de Cuarteto y Coro

Se derrama la alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza.
todos los buenos, todos los malos,
siguen su camino de rosas.

Ella nos dio los besos y la vid,
y un amigo probado hasta la muerte;
Al gusanillo fue dada la Voluptuosidad
y el querubín está ante Dios.

Solo de Tenor y Coro Masculino

Alegres como vuelan sus soles,
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta
Alegres, como el héroe hacia la victoria.

Chorus

¡Abrazaos Millones de seres!
¡Este beso al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Debe habitar un Padre amante.

¿Os prosternáis, Millones de seres?
¿Mundo presientes al Creador?
Búscalo por encima de las estrellas!
¡Allí debe estar su morada!


Citar como:
Antúnez, P. (2011). El cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven: Una pequeña recapitulación. Disponible en: https://arteyalgo.blogspot.com/2011/06/cuarto-movimiento-de-la-novena-sinfonia.html. Fecha de consulta:

___________________________________________________________________
Referencias.
[1] Quintás, A. L. (2015). La Novena Sinfonía de Beethoven (Vol. 13). Ediciones Rialp.
[2] QUINTANILLA, A. (2015). La Novena Sinfonía de Beethoven y su poder formativo.
[3] MDL. Sinfonía número 9 en re menor, opus 125, de Beethoven. Disponible en: https://www.wdl.org/es/item/15063/. Consultado por Pablo Antúnez el 19 de octubre de 2018.
[4] IMSLP. (2010). International music score library project/Petrucci music library.  Disponible en: https://imslp.org/wiki/Main_Page. Fecha de última consulta 20 de octubre de 2018.

Ante la ley - Franz Kafka

ALA +  Presenta  Ante  la ley  


Franz Kafka
                                                                                                                                                           Checoslovaquia: 1883-1924




Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.
-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.
FIN

LA HORA AZUL 5








Contenido

Textos-
Luis Armenta Malpica
Jorge Torres Daudet
Pablo M. Antúnez
Guillermo de Jorge
Gustavo Borga
Liliana Marescalchi
Fernando Montesdeoca
Lydia Raquel Pistagnesi
Marcela García Ferré
Karla Licano
Jesús Rito García
Miguel de la Cruz
Ofelia Pineda

Fotografía-
María José Carmona
Nacho García

Editor y Director de Arte-
Fabián Matías
Jefa de Redacción-
Nahima Dávalos
Editora Fotografíca-
Mónica Cruz

Y NOSOTROS EN CONTRA DE NERUDA [segunda versión]


|Arte, Literatura y algo más|
Comparte la segunda versión del texto "Y nosotros en contra de Neruda




Pablo M. Antúnez

nosotros que nacimos esta tarde
relinchamos con euforia descarada
sin leerlo ni haberlo conocido
nos declaramos en contra de neruda

¡condenamos su mayor atrocidad!
escribir esos versos tan grandiosos 
                                              -y cursis-
                                   el poema veinte

nosotros
los paridos en la siesta
pataleamos y gruñimos con locura  
nos armamos en contra de neruda

¡ay de nosotros!
que ladramos o morimos
cuando oímos sus versos canturrear



nosotros
       -los insolentes-
¡estamos poseídos por la palabra!
reímos en vez de reverenciar
maullamos en vez de suspirar

nosotros
amamos los adverbios
las metáforas inaprensibles
amamos lo absurdo
y los núcleos nominales
adoptamos al queismo
y también los gerundios


¡ay de nosotros!
los irreverentes
¡estamos en contra de neruda!

sin embargo
seguimos en la espera de su resurrección


------------------------

Poemas de Bukowski


Charles Bukowski (Alemania 1920 - Estados Unidos 1994









eres una bestia, me dijo ella
con tu blanca panzota
y esos pies peludos.
Nunca te cortas las uñas
y tienes manos regordetas
zarpas como de gato
tu narizota  colorada y brillosa
y los huevos más grandes
que he visto nunca.
Arrojas esperma como una
ballena arroja agua por
el agujero de su espalda

Bestia bestia bestia
me besa,
Qué quieres para el
desayuno?





LOS LOCOS SIEMPRE ME HAN AMADO



Los locos siempre me han amado
y los subnormales
a lo largo de párvulos
primaria
secundaria
universidad
los no queridos
se prendían
de mí.
Los mancos
los epilépticos
los tartamudos
los tuertos,
cobardes
misántropos
asesinos
fenómenos
y ladrones.
En el trabajo y en
el ocio
siempre atraje
a los indeseables. me encontraban
y se prendían de mí. Aún lo
hacen.
Ahora en este vecindario
hay uno que me ha
encontrado.
él merodea
empujando un carrito de supermercado
lleno de basura:
latas abolladas, cintas de zapatos,
bolsas vacías de papas fritas,
envases de leche, periódicos, portaplumas…
“hey, cuate, cómo estás?”
me detengo y conversamos
un rato
luego me despido
pero él
me sigue.
paso las cantinas
y los burdeles…
“manténme informado,
cuate, manténme informado,
quiero saber qué pasa.”
él es mi novedad.
nunca lo he visto
conversar
con nadie más.
El carrito traquetea
un momento
detrás de mí
entonces algo
cae.
Él se detiene
para recogerlo.
Entretanto yo
camino por
la puerta principal
del hotel verde de la esquina
cruzo a lo largo
del vestíbulo
y salgo por la puerta
trasera
hay un gato
enmierdándolo todo ahí dentro
absolutamente encantador,
me sonríe. 


EL CUERVO de Edgar Allan Poe. Versión "LOS SIMPSON"

ALA+ presenta:

EL CUERVO

Edgar Allan Poe (1845)


Versión de LOS SIMPSON Doblada al castellano.
(“TreeHouse of Horror I”)
Fuente: banbaancha.st
 
En un atardecer  triste y quejoso
meditaba yo, débil y abrumado, 
sobre un volumen de ciencias muy curioso
de temas que ya estaban olvidados.

Mientras cabeceaba somnoliento,
oí como si repicaran suavemente
en la puerta cerrada del salón.
“Será alguna visita, —pensé yo—
que está llamando a la puerta de atrás.
Es eso, sólo eso y nada más.”

******
Ah, recuerdo claramente
aquel diciembre anodino,
y el rescoldo mortecino
que hacía sombra en el suelo.
Mientras pedía vanamente
a los libros un consuelo, 
por la pérdida de aquella
que los ángeles por bella,
quisieron llamar Leonor.
“Oh mi amor!”
Oh hermosura excepcional,
que ya ha quedado sin nombre
por siempre, siempre jamás!

******
Me estremecí al ondular
de las púrpuras cortinas, 
con ese ruido sedoso
del fantasma que camina.
Mi corazón temeroso
del pecho quería saltar,
y yo repetía angustiado
para poderlo callar:

“Es sólo un visitante que quiere entrar.
Es eso, eso es sólo, y nada más.”


Mas de pronto mi alma tomó aliento
y sin dudarlo, lancé mi voz al viento:

“Señor —dije— o señora, lo lamento,
y os imploro perdón de corazón.
Pero ha ocurrido que,
como estaba yo medio dormido
y llamasteis tan sin hacer ruido
a la puerta de mi habitación,
pues apenas si os he oído.”

******
Y abrí de par en par:
oscuridad, tan solo, y nada más.

******
Di la vuelta tras cerrar;
sentía mi sangre caliente,
cuando de nuevo, oí llamar,
esta vez más fuertemente.
“Eso es —dije yo— eso es seguramente
que sin duda esta mañana
alguien dejó sin pensar
cualquier cosa en la ventana.”
Abrí de par los postigos
y entró, cual si fuera amigo,
con revoloteo ruidoso,
un cuervo majestuoso.
No hizo reverencia alguna,
y con un aire altanero
de dama o de caballero,
sin batir casi sus alas,
con la mirada despierta
saltó, se posó en la puerta,
luego en el busto de Pallas,
y nada más.

******
“Aunque tengas la cresta rala y lisa
no es tu actitud sumisa.
Tú, que por el margen de la noche vagas,
dime, cuál es tu nombre,
antes de que deshagas
lo que plutónicamente
te da el hombre, pájaro carroñero.”

******

(“Multiplícate por cero!”)

******

El cuervo dijo: “nunca más”,
y  nunca diría otra cosa.

******
De pronto noté el aire perfumado:
un invisible incensario balanceado
por ángeles cuyo tintineo
quedaba en la alfombra amortiguado.
“Miserable”, le increpé;
“Dios por medio de estos querubines
te envuelve en el descanso y el sopor
que alivian el recuerdo de tu amor.
Apura, apura este filtro que asegura
el no acordarte más de tu locura.”
Y dijo el cuervo: “nunca más”.
******
“Que estas palabras sean tu despedida,
pájaro demonio; —chillé furioso—
aléjate de mi vida,
ve a tu noche de plutonio
y no dejes pluma atestiguando la mentira
que tu alma invoca.
Mi rebeldía se ha convertido en ira.
Baja del busto de roca,
no busques mi corazón
y desaparece de mi habitación.”

Y dijo el cuervo: “nunca más”.

“No busques, cuervo, mi corazón,
desaparece de mi habitación.”

Y dijo el cuervo: “nunca más “.

******
Y el cuervo inmóvil,
cerradas las alas
ahí sigue parado,
sobre el busto de Pallas.
Guardián inmóvil
de mi imagen muerta,
escudriña mi ser
desde la puerta.
La luz proyecta su imagen en el suelo,
donde yace mi alma sin consuelo.
Donde ya siempre mi alma yacerá
pues no podrá levantarse
nunca más.